Enciende tu cámara

Así tal cual. EL mensaje de hoy es sumamente claro y específico: Enciende tu cámara. Y no, no queríamos ser nosotros los que viniesen con un tópico tan sensible y repudiado, sobre todo en temas de pandemia. Créanme cuando decimos que a ninguno de nosotros nos gusta estar en primer plano para un grupo de gente en una reunión, quedando abiertos a que nos juzguen por nuestra falta de maquillaje en una review, el tamaño de nuestras ojeras en una grooming o el color de nuestras almohadas en la daily.

Hay que admitirlo, el trabajo remoto está lleno de beneficios a la hora de llevar el día a día. Almorzamos con nuestros seres queridos, ahorramos tiempo y dinero valioso del transporte y podemos disfrutar de los matinales mientras repasamos nuestra lista de pendientes de la semana.

Seamos sinceros. Somos humanos, y como tales empujamos todo a la ley del mínimo esfuerzo, no por comodidad, sino que, por optimización, y a cada ventaja que nos tienda la mano tendemos a agarrarle los codos, el hombro y el cuello hasta poder encontrar ese tan deseado balance entre cuanto podemos agarrar y cuánto la vida puede ceder sin que nadie emita ninguna queja.

Y dentro de esta gama de cambios hay un concepto que solemos dejar de lado con facilidad, y como su ausencia termina por disminuir más las quejas en lugar de aumentarlas, nos es difícil trazar una línea que no esté guiada únicamente por nuestra comunidad cuando de escoger sus niveles se trata: La comunicación.

Es desgastante. Muchos de nosotros solíamos conversar casi a la fuerza cuando íbamos por un café o hacíamos fila para llenar nuestras botellas de agua. Y cuando nos mostraban el teléfono con las fotos de sus perritos o la última gracia que había hecho su hijo, no podíamos evitar pensar “Es necesario mantener una buena relación, después de todo, de aquí a fin de año le habré visto más veces de las que he visto a mi pareja.” Y resulta que, gracias a la pandemia, las cosa cambiaron.

Estas son las diferentes mecánicas de transmitir un mensaje con nuestro equipo. Pero ¿Por qué queremos apuntar a las más efectivas?

Sin embargo, a veces parecemos olvidar que la comunicación no es exclusivamente un medio para hacer nuestro día a día más llevadero, sino que además es un engranaje fundamental a la hora de coordinar soluciones complejas, empatizar con los problemas de terceros y tener éxito en el trabajo en equipo.

Vernos facilita la empatía
¿Es más sencillo escribir una mala reseña en internet o mirar a los ojos a ese camarero de veinte años y explicarle la diferencia entre cilantro y perejil? ¿Cuál generará más valor? ¿La retroalimentación o nuestro desquite? La respuesta es obvia, y sin embargo seguimos escogiendo la opción incorrecta. Porque como personas, no empatizamos con marcas ni compañías, no empatizamos ni con los roles del correo ni con las grandes iniciales que salen en Teams.

Entendemos mejor al otro cuando recordamos que al igual que nosotros, se trata de una persona, y en consecuencia, nos entenderán mejor si les recordamos que nosotros también lo somos. Sabemos sus emociones mirando sus gestos, y cuanta atención nos está poniendo dependiendo del movimiento de su mirada.

El micrófono no es suficiente
Nuestro rostro es necesario. Por eso sonreímos, por eso levantamos nuestras cejas y por eso guiñamos un ojo. Según Mehrabian, un 35% de la comunicación es verbal, y el 65% restante es no verbal. ¿Cuánto estamos perdiendo por ocultarnos detrás de un Avatar?

Mostrarnos, mejora la percepción de los demás sobre nosotros
Superficial talvez, pero necesario para la vida en sociedad. En estas organizaciones llenas de múltiples equipos, y cada uno con diferentes individuos, mostrar que estamos presentes y atentos, disminuye la percepción de holgazanería, y hace que nuestras contribuciones se noten y se valoren más. Lo cual, a veces puede ser clave cuando nos van a calificar.

Mostrarnos, nos empuja a mejorar.
Porque sabremos que nuestra imagen estará ahí para los demás, por lo que será necesario peinarnos y colocarnos una remera. Romper con nuestro estado de descanso y ponernos alerta, ejercitar un poco más nuestro lado racional y salir unos cuantos pasos fuera de nuestra zona de confort. Y en el fondo, nos ayudará a entender mejor que, aunque estemos en nuestra casa, también estamos trabajando, y por lo tanto debemos seguir dando lo mejor de nosotros para poder ofrecer la mayor cantidad de valor posible, y aprender en el trayecto.

Concluyendo, si bien no podemos estar frente a frente, ni con una pizarra en la que dibujemos lo que necesitamos explicar, debemos intentar alcanzar el mejor canal de comunicación posible, y ante la distancia sería aquél que nos permita no sólo hacernos escuchar, sino que además mostrarnos, y si podemos acompañarlo con alguna pizarra virtual donde centremos la atención de los demás, mejor todavía. Por esto y mucho más, te recomendamos que cuando entres en una reunión, enciendas tu cámara.

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