«Scrum está muriendo». Es una frase recurrente en conferencias, LinkedIn y debates entre agilistas. Algunos la proclaman con entusiasmo, como si hubieran desenmascarado un fraude corporativo; otros, con resignación, ven en ello el final de una era. Pero, ¿es cierto?
La realidad es más compleja. Scrum no está muerto, pero su percepción y aplicación han cambiado. Para algunos, sigue siendo el mejor marco para fomentar la agilidad; para otros, se ha convertido en un conjunto de ceremonias mecánicas sin impacto real.
Este es un debate que incomoda a muchos, sobre todo a quienes han convertido a Scrum en su mantra profesional. Si eres Scrum Master o Agile Coach, quizás ya sientas un ligero escalofrío. Pero tranquilo, no estamos aquí para sugerir que tu trabajo está en peligro. Al contrario, vamos a explorar con argumentos sólidos qué está pasando realmente con Scrum en 2025 y por qué, lejos de estar muerto, sigue siendo una herramienta poderosa cuando se entiende y se usa adecuadamente.

Por eso, hoy, vamos a desmontar mitos, analizar datos y separar la paja del grano. Porque si hay algo peor que anunciar la muerte de Scrum, es caer en el error de tratarlo como una religión inmutable.
El problema real: Falta de mindset ágil
Scrum no es solo una serie de reuniones y artefactos, pero muchas empresas parecen haberlo interpretado así. Intentan aplicarlo como un parche sobre estructuras tradicionales, sin cambiar su mentalidad. Siguen operando con jerarquías rígidas, burocracia innecesaria y planificación inflexible, disfrazadas con términos ágiles. Es como comprar una trotadora esperando bajar de peso, pero solo usarla para colgar ropa.
Muchas organizaciones implementan Scrum por moda o presión de mercado, sin comprender sus principios. La agilidad se ha vendido como una promesa rápida de eficiencia, en vez de lo que realmente es: una transformación de mentalidad. Cursos exprés y certificaciones en un fin de semana han convertido Scrum en una lista de reuniones en lugar de una herramienta de mejora.
Un caso clásico es cuando una empresa sigue funcionando con decisiones centralizadas y procesos burocráticos, pero se convence de que es ágil porque ahora dice «Sprints». El resultado no es agilidad, sino una versión fragmentada del viejo modelo, con eventos obligatorios que solo agregan carga operativa sin generar aprendizaje. CEOLEVEL lo llama una «cáscara vacía«. Esto coincide con el 17 th State of Agile Report 2023, donde el 52% de las pequeñas empresas y el 43% de las grandes consideran que Agile funciona. ¿El problema? No es Scrum, sino su mala aplicación.

Scrum no es una bala de plata, pero sigue siendo útil
Scrum es una herramienta poderosa, pero no una solución universal. Su éxito depende del contexto (como bien explicamos en nuestro artículo del modelo Cynefin) y forzarlo en cualquier escenario es como usar un martillo para todo: funciona con clavos, pero es inútil con tornillos. Aun así, muchas empresas lo implementan sin considerar si realmente es la mejor opción, convirtiéndolo en un conjunto de rituales vacíos en lugar de un marco ágil efectivo.
Un ejemplo común es el de los equipos de soporte o mantenimiento, donde el trabajo es reactivo y fluye de manera continua. En estos casos, Kanban es más efectivo, ya que permite gestionar la demanda sin la rigidez de los Sprints. Sin embargo, algunas organizaciones insisten en aplicar Scrum, generando backlogs que cambian a diario y objetivos que se desmoronan más rápido que una dieta en Navidad.
El 17th State of Agile Report confirma que Kanban y Lean están en crecimiento, ya que cada vez más empresas entienden que la agilidad no se trata de seguir un marco específico, sino de usar el enfoque adecuado según el contexto. David J. Anderson, explica que los sistemas basados en flujo son ideales para demandas variables, mientras que Mary y Tom Poppendieck destacan que Lean minimiza desperdicios y optimiza la entrega continua.
Esto no significa que Scrum sea inútil, sino que su éxito depende de una aplicación inteligente. En muchos casos, un enfoque híbrido como Scrumban—que combina lo mejor de Scrum y Kanban—es la respuesta. Lo importante no es seguir Scrum por obligación, sino adoptar el marco que realmente impulse la entrega de valor y la mejora continua (Revisa acá algunas ventajas de aplicar Kanban).
Porque la agilidad no es una religión, y Scrum no es su único profeta.

¿Está Scrum en crisis o son las empresas?
Scrum no está en crisis, pero muchas empresas sí. El problema no es el marco en sí, sino su implementación deficiente y la falta de comprensión de sus principios. Muchas organizaciones adoptaron Scrum como una solución rápida en lugar de una transformación cultural, lo que nos ha llevado identificar tres escenarios comunes:
- Empresas que aplican Scrum de forma rígida, sin considerar su contexto, transformándolo en un proceso burocrático sin mejora continua.
- Empresas con enfoques híbridos, que combinan Scrum con Kanban o Lean para adaptarse mejor a sus necesidades.
- Empresas con una transformación ágil real, que aplican los principios de inspección, adaptación y entrega continua de valor.
Muchas compañías dicen adoptar Scrum, pero en la práctica lo convierten en una estructura de gestión de proyectos con reuniones obligatorias y rituales vacíos. (Como esa trotadora comprada con buenas intenciones, que ahora solo acumula ropa.)
El CHAOS Report 2020: Beyond Infinity del Standish Group indica que los proyectos ágiles tienen tres veces más probabilidades de éxito que los tradicionales, mientras que los métodos clásicos son dos veces más propensos al fracaso. Además, destaca que las habilidades del patrocinador, la calidad del equipo y el entorno de trabajo son claves para el éxito, reforzando que la implementación adecuada de Agile es más importante que el marco en sí.
Scrum no es magia: si lo usas mal, no esperes resultados milagrosos. No se trata de seguir un guion, sino de aplicar los principios ágiles con criterio y pragmatismo. Las empresas con visión clara lo entienden; las demás solo coleccionan certificaciones.

La Solución no es hacer más Scrum, sino hacerlo bien
El problema de muchas organizaciones no es que necesiten hacer más Scrum, sino que lo aplican de manera mecánica, sin entender su propósito real. Implementar Sprints carece de sentido si la entrega de valor sigue siendo trimestral. Scrum está diseñado para iteraciones cortas que promueven la inspección, adaptación y entrega continua; sin embargo, muchas empresas lo han reducido a un ciclo de reuniones sin impacto real en la agilidad. Es como ir al gimnasio y solo hacer estiramientos: parece que entrenas, pero no avanzas.
Un ejemplo claro de esta distorsión es el rol del Product Owner. En muchas organizaciones, aunque este rol existe, no se le otorga la autoridad necesaria para tomar decisiones estratégicas. Si un Product Owner actúa únicamente como mensajero de los stakeholders, sin poder priorizar ni definir el valor del producto, Scrum se convierte en una simulación burocrática. Según Scrum.org, la falta de autoridad del Product Owner puede llevar a desafíos significativos en la implementación de Scrum. (Tema que también hemos tocado con anterioridad)
Además, aunque la Inteligencia Artificial (IA) y nuevas metodologías están ayudando a optimizar la gestión ágil, ninguna herramienta puede reemplazar la colaboración y la cultura ágil. La IA puede automatizar tareas repetitivas, mejorar la planificación y detectar patrones, pero si una empresa espera que la tecnología solucione sus problemas sin cambiar su mentalidad, está aplicando Scrum de manera superficial. Scrum Alliance ofrece recursos para integrar la IA en entornos ágiles, enfatizando la importancia de una mentalidad ágil junto con el uso de nuevas tecnologías.
Algunos creen que seguir Scrum al pie de la letra garantiza el éxito, pero esto contradice la esencia del marco. Scrum proporciona una estructura, pero su propósito es fomentar la adaptación, no la rigidez. Las empresas que mejor lo implementan no lo aplican como un dogma, sino que lo ajustan según sus necesidades sin perder su esencia. No se trata de hacer Scrum como una lista de verificación corporativa, sino de entender sus principios y aplicarlos de manera efectiva. La verdadera agilidad no se basa en reuniones, sino en cómo las decisiones impulsan el valor real.

Scrum No Está Muerto, Pero Hay Que Adaptarlo a la Realidad de 2025
Scrum sigue siendo una herramienta valiosa, pero su aplicación debe evolucionar con los desafíos actuales. Las empresas que han entendido esto han dejado atrás implementaciones rígidas y han encontrado formas de integrarlo con enfoques como Kanban o Lean. No se trata de abandonar Scrum, sino de aplicarlo con criterio y pragmatismo. No es magia, es sentido común.
El problema no es Scrum en sí, sino su mala implementación. Aplicarlo mecánicamente, sin comprender sus principios, solo genera frustración y burocracia innecesaria. Las empresas más exitosas han encontrado el equilibrio entre estructura y flexibilidad, usando Scrum como un marco adaptable en lugar de un dogma inamovible.
Scrum no está muriendo, pero si lo aplicamos sin entender su esencia ni adaptarlo a las necesidades reales, lo estamos matando nosotros mismos. La pregunta no es si Scrum seguirá existiendo, sino si estamos listos para dejar de jugar a la agilidad y asumir la responsabilidad de aplicarla correctamente.

El tema da para largo, pero dejémoslo hasta aquí por ahora. Siempre vale la pena reflexionar sobre cómo estamos aplicando Scrum y la agilidad en nuestras organizaciones. No se trata solo de seguir un marco, sino de entender sus principios y adaptarlos con inteligencia.
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