¿Cuándo fue que esta lista se convirtió en una mezcla entre mi lista de compras, mis resoluciones de Año Nuevo y el guion de una película de terror? ¿Por qué soy el único que nota que esta lista de requerimientos es simplemente imposible de terminar?
¿Alguna vez has mirado tu Product Backlog y pensado algo así? Porque de ser así… Bienvenido a la media. Muchos equipos empiezan con buenas intenciones, pero poco a poco, su backlog suele convertirse en un lugar donde las prioridades se mezclan con promesas olvidadas, tareas eternas y hasta un par de bugs que llevan años pidiendo justicia, generando frustración y una sensación de no acabar nunca.
Un backlog desordenado no es solo un problema técnico, es una bomba de tiempo emocional para el equipo. Cada ítem irrelevante que aparece, cada tarea que nadie recuerda por qué está ahí, añade peso al trabajo diario. Y lo peor es que ese peso no se distribuye uniformemente: cae directamente sobre la moral del equipo. Pronto, las reuniones de refinamiento se vuelven una especie de terapia grupal: “¿Por qué seguimos trabajando en esto? ¿A quién se le ocurrió que esto era importante? ¿Quién soy yo, realmente? ¿Por qué nadie leyó el artículo de Priorización de Libre Scrum?”
Y claro, cuando el backlog está fuera de control, todo puede escalar rápidamente. Un día estás atrasándote un poco, y al siguiente tu Sprint Planning parece un episodio de supervivencia extrema. Alguien propone trabajar hasta el fin de semana, otro sugiere ignorar por completo ciertas tareas. De repente, el equipo se convierte en un grupo de navegantes perdidos, rodeados de Post-its flotando en un mar de caos, o peor, infinitos links de Jira que nadie quiere abrir.
Pero, ¿y si no tuviera que ser así? Un backlog saludable no solo ordena la casa, sino que devuelve claridad, propósito y confianza al equipo. Deja de ser una carga y se convierte en un recurso que guía las prioridades, potencia la creatividad y asegura que cada esfuerzo tenga un impacto real. Por eso, hoy te traemos 5 prácticas que estamos seguros de que transformarán la manera en que manejas tu Product Backlog.
1 – Fomenta un backlog de problemas, no de soluciones
Si alguna vez has sentido que tu backlog parece una lista de instrucciones en lugar de un mapa de desafíos, no estás solo. Una de las razones más comunes de este problema es que muchas historias se escriben como soluciones predefinidas. Esto no solo limita la creatividad del equipo, sino que también reduce las posibilidades de encontrar respuestas que realmente aborden las necesidades del cliente.
Un backlog efectivo debe enfocarse en los problemas, no en las soluciones. Por ejemplo, en lugar de escribir: “Crear un botón más grande de compra en la página de inicio,” plantea: “¿Por qué los usuarios no están haciendo clic en el botón de compra?”. Reformular las historias de esta manera permite que el equipo explore alternativas, experimente y encuentre el camino más efectivo. Al hacerlo, también reduces la probabilidad de microgestión y fomentas la autonomía en el equipo.
Ahora bien, al enfocarte en problemas, recuerda que esto también afecta el tamaño del backlog. Aquí es donde la próxima práctica entra en acción.

2 – Aplica la “Ley de Parkinson” al backlog
Una vez que llenamos el backlog con problemas, surge un nuevo desafío: mantenerlo manejable. Aquí es donde la “Ley de Parkinson” puede salvar el día. Este principio, formulado por Cyril Northcote Parkinson, establece que “el trabajo se expande hasta llenar el tiempo disponible para su finalización.” En términos de backlogs, esto significa que si no pones un límite al tamaño, seguirá creciendo sin control.
¿Cómo aplicarlo? Define un límite máximo para los ítems activos en tu backlog, por ejemplo, 50. Revisa periódicamente qué tareas ya no son relevantes y elimínalas o archívalas. La clave está en recordar que un backlog limitado obliga a priorizar, lo que a su vez conecta con nuestra siguiente práctica: enfocarte en el valor.

3 – Prioriza según el impacto por esfuerzo
Un backlog más pequeño y enfocado nos da la oportunidad de ser más estratégicos con nuestras prioridades. No todas las tareas son iguales: algunas generan mucho valor con poco esfuerzo, mientras que otras consumen recursos sin aportar lo suficiente. Aquí es donde entra el principio de impacto vs. esfuerzo.
Clasifica las historias del backlog en cuatro categorías:
- Alto impacto / Bajo esfuerzo: Estas deben ser tu prioridad absoluta.
- Alto impacto / Alto esfuerzo: Evalúa cómo puedes dividirlas o simplificarlas.
- Bajo impacto / Bajo esfuerzo: Son tareas secundarias que pueden esperar.
- Bajo impacto / Alto esfuerzo: Si no tienen justificación estratégica, elimínalas.
Esta práctica asegura que el equipo enfoque su energía en lo que realmente importa y maximice el retorno de su tiempo y esfuerzo. Además, reduce la frustración al eliminar tareas que no aportan valor.

4 – Audita los elementos viejos con “fecha de caducidad”
Una vez que el backlog está enfocado en problemas y priorizado, surge otro desafío: evitar que se llene de tareas obsoletas. Introducir una “fecha de caducidad” para los ítems asegura que el backlog se mantenga dinámico y relevante.
Crea una regla clara: si una historia no ha sido tocada en tres meses, elimínala o archívala, salvo que tenga un propósito estratégico claro. Esto no solo mantiene el backlog limpio, sino que también reduce el ruido en las sesiones de planificación y refinamiento.

5 – Reescribe historias en base al aprendizaje continuo
Finalmente, recuerda que el backlog no es estático. Cada sprint es una oportunidad para aprender algo nuevo sobre tu producto, tus clientes y tu equipo. Si no reflejas estos aprendizajes en tu backlog, corres el riesgo de trabajar en elementos que ya no son relevantes.
Al final de cada sprint, reflexiona con el equipo:
- ¿Qué aprendimos?
- ¿Cómo afecta esto nuestras prioridades?
- ¿Podemos ajustar alguna historia para reflejar esta nueva realidad?
Actualizar el backlog con estos aprendizajes asegura que siempre esté alineado con las necesidades actuales, maximizando su valor como herramienta de planificación.

Un backlog saludable no es solo una lista ordenada; es una declaración de intenciones. Es un compromiso con el enfoque, la claridad y la entrega de valor real. Cuando el backlog está limpio, el equipo recupera su confianza, se siente empoderado y trabaja con propósito. Pero más que eso, un backlog saludable tiene el poder de transformar la cultura de un equipo: deja de ser un lugar de frustración y caos, y se convierte en un espacio de innovación, colaboración y logros compartidos.
¿La clave? Disciplina, intención y un enfoque constante en lo que realmente importa. Porque un buen backlog no solo mejora los resultados del sprint; mejora la experiencia de trabajo, fortalece al equipo y da sentido a cada esfuerzo.
Así que la próxima vez que abras tu backlog, hazte esta pregunta: ¿Esto nos está llevando a donde queremos llegar, o solo estamos avanzando por avanzar? Si la respuesta no te convence, ya sabes por dónde empezar. ¡El cambio está en tus manos! 🚀

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¡Nos vemos en el próximo Sprint! 🚀
Buenísimo artículo. La realidad es que nunca había pensado en esto de no bajar requerimientos cerrados al backlog. Me cuesta pensar en historias tan abiertas como «mejorar un 15% tal cosa». Lo voy a empezar a analizar / poner en práctica a ver como funciona. ¡Muchas gracias!
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¡Gracias! La clave es seguir la visión del producto y, si la historia es demasiado grande, dividirla en pasos más manejables sin perder el enfoque en el impacto. ¡Cuéntame cómo te va!
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